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Capítulo 5 Cartas de Jesús

2. ¡Oh Señor!, ¡¿qué mortal podrá comprender la inmensidad de Tu Amor por nosotros los hombres, que no somos más que tus criaturas?. — ese Amor por medio del cual Tú quieres renovar todo, andando Tú mismo un camino que, según mi entendimiento humano, parece casi imposible e inimaginable para Dios!

3. Tú estás presente aquí en esta tierra, que podrías disiparla con un soplo, como un hombre sencillo entre los hombres, gobernando y manteniendo sin embargo, con tu Divinidad interior, todo el universo. Y todo el polvo de la tierra, cada gota en el mar, el sol, la luna y las estrellas, obedecen la voz omnipotente de tu corazón que es el centro eterno de todas las cosas y la esencia de todos los seres del universo entero.

4. ¡Oh Señor!, ¡qué infinitamente dichosos tienen que ser tus discípulos, si es que te reconocen en el día más claro de sus espíritus, como ahora yo, pobre pecador, te conozco en mi noche!

5. ¡Oh, si yo no estuviera paralítico en mis pies! Cuánto tiempo hace ya que estaría junto a Ti. Mis desgraciados pies han llegado a ser un obstáculo a mi mayor bienaventuranza. Pero ahora todo lo soporto de buena gana, porque Tú, oh Señor, me has encontrado digno hasta el punto de hablarme por carta, a mí, pobre necio, enseñándome tantas cosas maravillosas que sólo pueden ser enseñadas por Ti, jamás por un hombre.

6. ¿Qué sabia yo antes de una Vida después de la muerte? Ningún sabio de este mundo hubiera podido revelarme ese enigma. Existe en nuestro politeísmo una inmortalidad poética, pero se parece tan poco a la realidad como un sueño vano en el que tan pronto se va a pie, sobre el mar como por la tierra en barco.

7. Mas Tú, oh Señor, me has mostrado con la palabra y en el hecho que después de la muerte de este nuestro cuerpo tan quebradizo, da comienzo una perfecta, verdadera y totalmente libre Vida del Espíritu, que nunca variará, por toda la eternidad.

8. Por todo lo cual considero un deber inexcusable presentarte en esta carta mi efusivo agradecimiento, oh Señor, por la infinita y gran gracia que me has hecho; aunque estas gracias frente a tu gracia, en la pura nada se desvanecen.

9. Pues ¿qué podría yo darte, oh Señor, que no me hayas Tú dado de antemano?.

10. Pienso que la gratitud verdadera, brotada del corazón, es lo más apropiado para el hombre, — porque la ingratitud es, sin duda, su entera propiedad. Por eso no puedo, oh Señor, más que ofrecerte esta mi gratitud ínfima, — sin embargo con la seguridad completa que desde ahora mismo estoy dispuesto a establecer en mi pequeño estado, todo lo que Tú, oh Señor, me pidas en tu Gracia.

11. No solo he sacado de prisión al gran criminal de estado, sino que, acto seguido, he hecho que lo llevarán a mi escuela y a mi mesa. Si en caso actué demasiado bien, como suele decirse, mi humana razón no alcanza a juzgarlo. En este asunto también me dirijo a Ti, oh Señor, en este escrito, para que en tu misericordia me des instrucciones sabias y justas.

12. ¡Mi amor, mi gracia y mi más filial obediencia a Ti, oh Jesús, sólo a Ti! ¡Que se haga tu Voluntad!

Repuesta de Jesús

13. »Escúchame, mi querido hijo y hermano Abgaro. Tengo ahora setenta y dos discípulos, entre ellos doce apóstoles, pero todos juntos no tienen una clara visión como la tuya, siendo un pagano que jamás me ha visto, como tampoco los innumerables milagros hechos desde mi encarnación y nacimiento humano.

14. Permanece, pues, lleno de la mejor esperanza. Porque ha sucedido y sucederá, que quitaré la luz a los hijos y os la daré en abundancia a vosotros los paganos. Porque he encontrado en poco tiempo, entre los paganos que viven aquí, griegos y romanos, más fe que la que se pueda encontrar en todo Israel. El amor y la humildad han llegado a ser cualidades del corazón humano completamente extrañas a los judíos, mientras que, con frecuencia, las encuentro en vosotros abundantemente.

15. ¡Por eso le quitaré a los judíos Mi Reino temporal y eterno y os lo daré vosotros! ¡Los hijos que se alimenten con las inmundicias del mundo!

16. ¿Quieres que mi voluntad sea Ley en Tu reino? — ¡Por ahora no es posible!, porque para todo se requiere cierta madurez. Pero Mi ley no es más que Amor. Si quieres introducir en tu reino algo de Mí, entonces introduce esta ley; entonces te será fácil obrar con Mi Voluntad. Porque Mi Voluntad y Mi Ley son enteramente una misma cosa, del mismo modo que Yo y el Padre somos Uno.

17. Sí, es verdad que en Mi Voluntad hay muchas cosas que tú no podrías comprender todavía. Cuando mi discípulo vaya a tu casa, te iniciará en todo y así que seas bautizado por él en Mi Nombre, el Espíritu de Dios vendrá sobre ti y él mismo te instruirá en todas las cosas.

18. Con el criminal has obrado perfectamente bien. Yo hago lo mismo con vosotros los paganos. Que tu acción te sirva como un buen espejo de lo que yo ya hago ahora y haré en abundancia más adelante.

19. Esto, para tu paz y tu bendición. — Amén.«

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