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Capítulo 7 Cartas de Jesús

Séptima carta de Abgaro a Jesús a las nueve semanas después de recibir la sexta respuesta escrita al Señor y alcanzó al Señor cinco días antes de la entrada Triunfal en Jerusalén.

1. Abgaro, un pequeño príncipe de Edessa, a Jesús, el buen Salvador, ¡Toda salvación a aquél que apareció en los alrededores de Jerusalén, una salvación para todos los pueblos, un Señor y un Rey ungido desde la Eternidad, Dios de las criaturas todas, de todos los hombres y de todas las divinidades, buenas y malas!.

2. ¡Oh mi Dios y mi Señor, Tú, el único que colma mi corazón. Tú, absoluta esencia total de todos mis pensamientos! Bien sé ya, por Tu primera carta, que debe cumplirse enteramente en Ti, según Tu propia e incomprensible Voluntad y decreto divino, lo que han propuesto contra Ti los malos judíos de Jerusalén.

3. Puedo imaginarme oscuramente, que así tenga que ser todo. Pero, desde el punto de vista humanamente, mi corazón que te quiere sobre todas las cosas, se subleva en contra, eso ya lo comprenderás Tú, oh Señor, aún mejor que yo, un hombre débil. A lo largo de este escrito mostraré que tengo buenos argumentos para exponer lo siguiente.

4. Como vasallo romano y pariente cercano de Tiberio, que es emperador (el César) de Roma, tengo también en Jerusalén mis fieles observadores romanos que vigilan especialmente al sacerdocio sumamente soberbio de allí. Estos observadores míos me han informado exactamente de lo que estos orgullosos y petulantes sacerdotes y fariseos intentan hacer contigo.

5. ¡No solamente lapidarte o quemarte según sus costumbres; no, eso es demasiado poco para ellos; quieren hacer de Ti un ejemplo de la más inhumana atrocidad! — ¡Escucha, oh Señor. ¡Estas bestias feroces en figura humana quieren clavarte en la cruz con clavos afilados y dejarte suspendido allí el tiempo necesario para que mueras lentamente de espantosos sufrimientos en el madero de la vergüenza! ¡Esta obra maestra de maldad humana la quieren llevar a cabo esta próxima Pascua!

6. Señor, será como fuera, — pero me ha indignado en lo más profundo de mí. Sé que estas bestias voluptuosas y tiranas no quieren matarte porque Tú te hayas declarado ante el pueblo como su Mesías prometido, esto poco le importa a esta ralea sacerdotal de hienas. Pues se muy bien que no creen en ningún Dios y mucho menos aún en Ti, y entre ellos poco caso hacen de una blasfemia.

7. ¡Su plan es completamente diferente! — Mira, estas bestias saben que Roma los observa atentamente con ojos suspicaces a causa de sus maquinaciones ocultas. El año pasado, el perspicaz Pilatos descubrió un día un intento de motín del alto clero, aunque fue sutilmente preparado. Y en la fiesta, como Tú sabes, hizo detener ante el atrio exterior alrededor de quinientos hombres, pobres y también ricos, desgraciadamente la mayoría de ellos galileos, los hizo decapitar en el acto, con lo que se atrajo por cierto la hostilidad de Herodes, ya que la mayoría de las víctimas eran súbditos suyos.

8. Este ejemplo causó fuerte impresión a los del templo. Para sacarse esa molesta espina, te han escogido a Ti; quieren acusarte ante Pilatos como agitador político, calificándote también como el principal cabecilla de la sublevación del año pasado. Con ello tratan de salir bien del asunto ante la corte romana y de esta manera apartar de sí la molesta mirada recelosa de Roma, y continuar fraguando así más fácilmente su proyecto de alta traición. Tú mismo ya ves, sin necesidad de esta carta, e infinitamente mejor, que Roma sabe exactamente sus intenciones.

9. Si Tú, oh Señor, quieres un servicio de mí, tu más entrañable amigo y adorador, en el acto envío a Roma y Poncio mensajeros urgentes, y te garantizo que estas bestias caerán en seguida en la misma fosa que habían para Ti.

10. Sin embargo, como ahora ya te conozco bien y bien sé que Tú no necesitas ningún consejo humano, harás lo, que te parezca mejor. Pero como hombre he considerado que mi primer deber es manifestarte este asunto y cómo es exactamente, — expresándote aquí mi más ardiente agradecimiento por la gracia que Tú nos has mostrado a mí y a mi pueblo.

11. ¡Oh Señor, hazme saber lo que debo hacer en esto por Ti! — ¡Hágase eternamente Tu Voluntad Santísima!.

Última respuesta de Jesús

12. »Escucha, mi querido hijo y hermano Abgaro, todo es cierto, exactamente como me los has anunciado. Pero tiene que suceder todo así en Mí porque si no, ningún hombre podría alcanzar jamás la Vida Eterna, — lo cual tú ahora, en verdad no comprendes, pero dentro de poco comprenderás como un gran misterio.

13. Por lo tanto no realices, por lo pronto, las que gestiones amistosamente me ofreces para Mi justificación. Porque poco fructuosas serían dónde gobierna y actúa el poder infinito del Padre, que está en Mi y del que he salido como hombre.

14. ¡Mi cruz, en la que seré clavado, no te espante!. ¡Porque precisamente esa cruz llegará a ser para todos los tiempos venideros, la piedra angular del Reino de Dios, al mismo tiempo puerta para entrar en él!

15. Solamente durante tres días estaré muerto en lo que concierne al cuerpo, mas al tercer día resucitaré otra vez como un eterno vencedor de la muerte y del infierno y Mi juicio omnipotente caerá sobre todos los culpables del mal.

16. ¡Mas para aquellos que están unidos en el corazón Conmigo, abriré la puerta del Cielo de par en par ante sus ojos!

17. Si dentro de pocos días vieras que se obscurece completamente el sol, entonces piensan que Yo, Tu mejor amigo y hermano, he muerto en la cruz. — ¡No te asustes!. Porque todo eso tiene que cumplirse así; a los Míos, sin embargo, no se les torcerá ni un pelo.

18. ¡Cuando Yo resucite, al instante mismo recibirás una señal como símbolo cierto, por lo cual reconocerás inmediatamente Mi Resurrección!

19. ¡A ti, Mi querido hermano Abgaro, Mi Amor, Mi Gracia y Mi Bendición! — Amén.

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