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[GD 1.24.3] Tal vez, una vez más, procuro dirigir un gran clamor al Señor... o sea que me atiende o deja que perezcamos –– con lo que finalmente se hará su Voluntad, la cual en nuestra gran ceguera durante tanto tiempo no hemos respetado».

[GD 1.24.10] Y ya no llevarás el nombre Caín sino “Atheope” lo que quiere decir “el que no tiene voluntad conforme a la Voluntad de Dios”. Junto con los tuyos vas a hacer un cesto muy grande de caña y junco, de largo siete veces la altura de un hombre, de ancho tres y de alto una altura de hombre; bien robusto. Y después lo tenéis que calafatear con diversas resinas. Una vez que con toda aplicación hayáis hecho esto, acercáis el cesto a la orilla de la gran mar, recogéis frutos suficientes para cuarenta días y, finalmente, os montáis todos en él.

[GD 1.24.11] Y el Señor hará venir una marea alta que levantará el cesto y os llevará a unas tierras lejanas en medio de estos enormes mares, donde estaréis totalmente a salvo de toda persecución de Hanoc.

[GD 1.25.2] De esta manera, hasta la época actual, su último linaje repobló todas las islas en las grandes mares. Y, después del exterminio de la ralea de la serpiente mediante el diluvio, repobló también los continentes a los que hoy en día llamáis Africa, América y Australia. De modo que su linaje no fue exterminado por el diluvio, sino que continúa en la época actual como testimonio de las crueldades de aquellos tiempos.

[GD 1.25.7] También fue testigo de mi Nacimiento y de mi nueva Creación mediante la mayor de mis Obras –– la Obra de la Redención. De esta manera también será conservado hasta la descendencia de mi Ciudad Santa a la Tierra ––proceso que ya está poniéndose en marcha–– donde será bien recibido como fiel portero porque, aparte de Mí, nadie conoce a la serpiente tan íntegramente como él, al que ha hecho faenas como a nadie más.

[GD 1.26.5] Cuando estos siervos vieron que, impunes, podían hacer lo que querían, ellos mismos empezaron a gobernar, promulgando nuevas leyes a los súbditos... Primero: Rendir al soberano un homenaje divino mediante diversas ofrendas. Segundo: Un súbdito que tiene una hija de belleza exorbitante debe concederla al soberano. El súbdito afortunado cuya hija sea aceptada, en adelante será exento de toda clase de impuestos, se volverá libre y propietario de su casa, y tendrá acceso libre a la casa del soberano donde podrá hablar con los siervos y una vez por año le será permitido ver al soberano y agradecerle esta gran gracia...

[GD 1.26.10] Estas adulaciones por parte de sus siervos lisonjearon a Hanoc de tal manera que enseguida estuvo de acuerdo. –– Ay, ¡necio de él!

[GD 1.26.15] Cada una de estas ciudades fue construida conforme al modelo de la ciudad de Hanoc; de modo que en su centro había un gran castillo idéntico a aquel de Hanoc pero rodeado de una muralla y un foso –– y esto teniendo en cuenta que los hombres en aquellos tiempos aún no tenían palas ni azadas o zapapicos; de modo que tenían que hacer todo con las manos parecido a los campañoles... Sin hablar de los malos tratos que sufrían...

[GD 1.27.1] Una vez que las diez ciudades estuvieron terminadas, los diez soberanos se presentaron a Hanoc y le dijeron: «Hanoc, ¡gran dios de todo poder y toda fuerza! (Nota bene: ...una fuerza que, en realidad, no fue sino ratería, sensualidad, engaño, toda clase de maldad, frialdad, engendro de la serpiente, brutalidad, mentira, lisonja y sacrilegio de toda clase...) Ve, tu pueblo guiado por tu justicia sabia insondable e ilimitada se ha vuelto muy grande y se ha extendido en todo este gran país de tu magnificencia divina, de modo que ya no se puede abarcarlo con la vista desde tu residencia... y si lo perdiéramos de vista, harían lo que les diera la gana. Incluso cabe dentro de lo posible que se despisten hasta tal extremo que vuelvan a evocar y adorar al antiguo Dios de Caín, a pesar de que tú ahora eres el único al que corresponde toda adoración... y que a este antiguo Dios se le pudiera ocurrir atender a uno de ellos y proveerle con un poder invencible... y este pudiera reunir mucho pueblo para luego atacarte y finalmente acabar con todos nosotros.

[GD 1.27.5] Con lo que Hanoc tomó una decisión: «¡Ahora oíd mi voluntad! –– ¡Que cada uno de vosotros ––mis diez siervos más fieles–– ocupe una de las diez ciudades y reine en mi nombre!... Y que haga justicia conforme a su comprensión y sancione las leyes con vigor. Pero si uno de vosotros se volviera tibio, ¡encima de él pondría aquel de vosotros que siempre fue el más fiel y aplicado! ¡Y en los frutos que aportéis os reconoceré! El primero que me traiga las ofrendas que corresponden a mi santa majestad, será el primero en recibir el elogio de la justicia, y aceptaré un tributo menos abundante como si fuera el mayor; mientras que aquellos cuyo tributo llegue más tarde, aunque sea mucho, lo consideraré como poco... porque de ello puedo evaluar su pereza... Y el último será sometido al primero para que mejore en su celo por todo lo que sea justo. Porque la justicia implacable es el único fundamento para un imperio como nosotros lo tenemos de propiedad.

[GD 1.27.9] Esta reacción de Hanoc, con los diez soberanos, era como llevar el agua inagotable a su molino, dado que Hanoc se había anticipado a su deseo más íntimo... Además, les había dado el mandamiento de gobernar con toda severidad, lo que les iba de maravilla –– con lo que estaban legítimamente autorizados a hacer todas las tonterías imaginables... y podían engañar al pueblo y a su dios tan estúpido.

[GD 1.27.10] Cuando el dios Hanoc había terminado, despidió a los diez soberanos. Estos, aparentemente, estaban profundamente impresionados por este discurso; pero en sus corazones estaban más que contentos por la insensatez de Hanoc que, por miedo y diversas preocupaciones, de la voluntad de ellos había hecho ley severa, y creían que él realmente pensaba que era dios... Pero en este punto estaban completamente equivocados, porque íntimamente Hanoc sabía muy bien que no era dios, dado que su debilidad y su agotamiento total se lo manifestaron con toda claridad.

[GD 1.27.17] Después se levantó Huid cuyo tono de voz sacudió a la asamblea malvada como un rayo: «¡Oídme hermanos e hijos de Caín desterrado, y entended mis palabras de gran importancia!

[GD 1.27.20] Mientras todavía éramos sus siervos, también teníamos que ser crueles para no despertar sus sospechas. Aun así, las ciudades están construidas, el pueblo está repartido, el poder es nuestro. Y también hay acuerdo acerca del nuevo reconocimiento del antiguo Dios y el sacrificio para Él. ¿Qué más necesitamos? Si el pueblo nos obedeció cuando sufrió nuestros malos tratos, tampoco se nos volverá infiel si queremos curar sus antiguas heridas mediante leyes más llevaderas. A mí me llaman “el malo”, pero aun así pregunto: Quién, en realidad es peor, ¿yo, Hanoc o la serpiente de Caín? A mí me parece que Hanoc es el maestro de toda maldad porque debe ser que la serpiente ha depositado todo su engendro en el corazón de él –– de lo contrario sería imposible el imaginarse semejantes crueldades de un hermano ante sus propios hermanos, y de sus hermanos ante los demás.

[GD 1.27.22] «Hablaste justo y sabiamente, hermano Huid», dijo toda la asamblea. «Y que de Hanoc se haga conforme tus palabras que han dado realmente en el blanco, con lo que confirmaste todas sus grandes crueldades que hemos visto con nuestros propios ojos».

[GD 1.27.23] Acto seguido se levantó Hlad y dijo: «Hermanos, todos sabéis lo cruel que yo tenía que ser contra todos para representar la ley severa, es decir, para presentar la crueldad arbitraria de Hanoc como ley implacable y que yo a todas sus malas jugadas tenía que hacer buena cara. Aunque yo no fui aquel que daba los golpes, pero sí fui el celador que tenía que contar los azotes que Huid y sus esbirros tenían que dar, y tenía que rendir cuentas a Hanoc sobre cada golpe dado, aun teniendo que demostrarle gratitud... Nunca fui insensible aunque por apariencia tuve que serlo; y como veis, ahora quiero hacer lo contrario: voy a ser para Hanoc lo que yo tenía que ser para el pueblo –– nuestros hermanos. Para el pueblo quiero ser caluroso, pero seré un vengador frío de las iniquidades que el pueblo ha sufrido de Hanoc, vengando el pueblo en Hanoc mismo... Mi fidelidad ante él se convertirá en venganza implacable y mi aplicación hará que sea el primero de entre vosotros que convertirá sus elogios en lloros y en gritos al cielo –– un regalo para los oídos de aquellos que estaban continuamente maltratados... y con las gotas de sangre que brotará de la espalda de Hanoc se enrojecerán las mejillas pálidas del pueblo maltratado.

[GD 1.27.28] Si ahora, de manera brusca, empezáramos a maltratar a Hanoc, provocaríamos la reacción del pueblo. Y una vez que Hanoc se encontrase entre el pueblo y explicara que le habíamos atado las manos para que no pudiera evitar los azotes que le aplicamos, entonces el pueblo se levantaría contra nosotros y sus masas nos aplastarían.

[GD 1.27.31] Todos se inclinaron y dijeron: «¡Amen! –– Así sea, para que las palabras de cada uno de nosotros entren en vigor ante Hanoc, el infame que proscribió a nuestro padre y blasfemo vil del antiguo Dios poderoso».

[GD 1.27.33] «¡Hermanos ––si todavía merecéis este título de honor–– he oído todas vuestras pláticas!... He oído lo que pronunciasteis en voz alta con palabras audibles, mientras que con astucia ocultasteis todas vuestras avideces ante los demás y, con vuestros propósitos fingidos, os mentisteis mutuamente, ¡con lo que os volvisteis amotinadores mutuos! Porque cada uno de vosotros está llevado por la idea de largarse de aquí lo antes posible para chivarse a Hanoc, aseverándole que antes de entrar en las funciones de su gobierno había conseguido convocar una reunión con los diez soberanos, para que cada uno de ellos diera su opinión sobre él ––tal como esta reunión se ha desarrollado aquí mismo delante de nosotros–– para que Hanoc se entere de la índole de los otros nueve soberanos... con lo que Hanoc seguramente le proveería con todo el poder y le nombraría soberano único sobre todos nosotros... Y consta que a los demás nos tocaría al menos la suerte de Caín...

[GD 1.27.35] Ante todo esto os digo francamente: Si queréis gobernar al pobre pueblo del cual ni siquiera merecéis que sean vuestros hermanos, entonces absteneos de toda maldad y perfidia, y guiadlo ante el semblante de Dios, el Verdadero... y también para Hanoc sed verdaderos hermanos y no estafadores por la causa de vuestro bienestar... y, mediante verdadera fidelidad, volveos verdaderos merecedores de vuestra función, la que habéis obtenido por vuestra astucia y vuestras estafas... Porque de lo contrario el Dios antiguo no aceptará vuestro sacrificio, sino que os hará esclavos de aquellos a quienes disteis el nombre de “bestias racionales”, un término que es un engendro de vuestra maldad más íntima. ¡Reflexionad bien sobre lo que os dijo el “Terrible”!».

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