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[ABG 1.1] Abgaro de Edessa a Jesús, el buen Salvador, que ha aparecido en la región de Jerusalén, ¡Salve!.

[ABG 1.2] He oído hablar de Ti y de las curaciones que haces sin medicinas ni plantas. Pues se dice que Tú devuelves la vista a los ciegos, que haces andar a los paralíticos, que purificas a los leprosos y expulsas los espíritus impuros y curas a aquellos que sufren de enfermedades crónicas en fin, que resucitas hasta los muertos.

[ABG 1.3] Después de haber oído estas cosas sobre Ti, he sacado en mí la conclusión que una de las dos cosas tiene que ser cierta: o bien eres Dios descendido del Cielo, — o bien, para cumplir tales cosas, eres al menos un hijo del gran Dios.

[ABG 1.4] Por lo tanto te ruego, por medio de esta carta, que vengas a mí para curar la enfermedad que tengo.

[ABG 1.5] También he oído decir que los judíos murmuran contra Ti y quieren causarte daño. Yo tengo una ciudad, sin duda pequeña, pero está bien dispuesta, y para nosotros dos será suficiente. Por consiguiente, mi sumamente estimado amigo Jesús, quédate conmigo en mi ciudad y en mi país. Todo el mundo aquí Te mimará y guardará en su corazón. Te espero con la mayor ansia de mi corazón.

[ABG 1.6] Enviado por mi fiel servidor Braco.

[ABG 1.7] »Abgaro, bienaventurado eres, porque no me has visto y sin embargo — tienes fe. Pues ¡mira!, sobre Mí está escrito, que aquellos que me hubieren visto no creerán en Mí, para que aquellos que no me hubieren visto crean y vivan en la Eternidad.

[ABG 1.8] Mas respecto a lo que me dices, que vaya hacia ti, porque aquí en el país de Judea seré perseguido, te digo: Es necesario que todo aquello por lo cual he venido mundo se cumpla en Mí, en este lugar, y que Yo mismo al poco tiempo de que todo haya sido cumplido en Mí, ascienda hacia Aquél del cual he venido desde la Eternidad.

[ABG 1.9] Pero sé paciente en tu leve enfermedad. Tan pronto como Yo haya subido al Cielo te enviaré mi discípulo para que cure tu enfermedad y te de la verdadera salud, a ti y a todos los que estén junto a ti.«

[ABG 1.10] Escrito por Santiago, un discípulo del Señor Jesús y enviado desde las cercanías de Genezareth por Braco, mensajero del rey.

[ABG 1.11] Poco tiempo después que Abgaro hubo recibido esta celestial respuesta, sucedió que el primogénito, príncipe heredero de este rey, cayó en una fiebre mortal que los médicos de Edessa dijeron que era incurable. Esto llevó al desdichado Abgaro casi a la desesperación. En su grandísima aflicción escribió nuevamente al buen Salvador.

[ABG 2.1] Abgaro, miserable soberano de Edessa, a Jesús, el buen Salvador que ha aparecido en la región de Jerusalén, ¡Salud y honor divino!.

[ABG 2.2] ¡Oh Jesús, buen Salvador! Mi hijo primogénito, heredero del trono, quien esperaba conmigo, con gran paciencia y gozo, Tu llegada a mi ciudad, ha enfermado mortalmente. Una fiebre maligna se ha apoderado de él, poniéndolo en peligro de morir en cualquier instante. Pero yo sé, como el mensajero me ha asegurado, que Tú curas estas enfermedades sin medicinas, solamente con Tu palabra y Voluntad, incluso a distancia.

[ABG 2.3] ¡Oh Jesús, buen Salvador! ¡No me conformes esta vez a mí, que también estoy enfermo, con el tiempo de Tu Ascensión al Cielo que me has anunciado, sino, ayuda, ayuda, ayuda ahora mismo a mi hijo!.

[ABG 2.4] Escrita en mi ciudad de Edessa, enviada por el mismo fiel mensajero.

[ABG 2.5] »Abgaro, grande es tu fe. Por ella bien podría mejorar tu hijo. Mas como Yo he encontrado en ti más amor que en Jerusalén, por eso quiero hacer mucho más por ti que si sólo hubieras creído.

[ABG 2.6] Yo, el Señor de toda la Eternidad, ahora un maestro de los hombres y un libertador de la eterna muerte, daré a tu hijo la vida eterna antes de Mi Ascensión, porque sin verme ni conocerme, antes de saber sobre Mi pasión que sufriré por todos los hombres, me ha amado con todo su corazón. Así, Mi querido Abgaro, perderás a tu hijo en el mundo según la carne, pero lo ganarás mil veces más según el espíritu en Mi Reino Eterno.

[ABG 2.7] Mas no creas que tu hijo, cuando muera, morirá de verdad. ¡No, no! Cuando muera despertará del sueño mortal de este mundo a la Verdadera Vida Eterna en Mi Reino, la cual es espiritual y no corporal.

[ABG 2.8] Por eso no te aflijas en tu alma. Ve, oye y —cállalo: ¡Sólo Yo soy el Señor, y fuera de Mí no existe ningún otro! Por eso Yo hago libremente lo que hago. Nadie puede decirme: haz esto o no lo hagas.

[ABG 2.9] Mas lo que Yo hago y permito ahora —ser perseguido como un hombre débil— eso Yo lo había previsto ya aún antes de que la tierra fuera fundada y antes que el sol, la luna y las estrellas iluminaran la tierra desde el firmamento. Por eso salí del Padre, el cual está en Mí, como Yo en Él. El Padre es el Altísimo porque Él es el Amor en Mí. Mi Voluntad, el Espíritu que emana de Mí y del Padre, actuando de Eternidad en Eternidad, es el Santísimo. Y todo esto soy Yo, el que te revela tales cosas.

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