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Capítulo 2 El Gobierno de Dios, Libro 1

8. Ante el mundo figuro como poca cosa. Los sabios me miran apenas por encima del hombro y a lo sumo me consienten todavía el crédito de un hombre honesto. Otros ya me han despedido del todo, de modo que para ellos ni siquiera existo. Otros que tal vez aún me atribuyen algún rasgo divino, se dejan instruir por los sabios... De una manera vil me rechazan, consintiéndome apenas el derecho de representar a un Dios de viejas cotorras... Existen “siervos” míos a los cuales en su grandeza imaginaria les sirvo solamente de sello oficial público y para dar un nimbo “divino” a sus absurdidades negras. También existen los que todavía consienten en mi Divinidad, pero en cambio, para sus ventajas mundanas, tengo que admitir que hagan de Mí lo que les da la gana. Y, para colmo, hacen de Mí un auténtico absurdo: debo profesar Amor y Misericordia hasta cuando les complace, pero a continuación debo presentarme más duro que una piedra y consentir en que me transformen en el tirano más vil. Tengo que saltar de un tribunal a otro y dictar una sentencia de perdición tras otra. De modo que mi Amor debe ser algo temporal, mientras que mi tiranía y mis funciones de juez asociadas debieran perdurar eternamente... ¡Oh, increíbles insensatos! Es más que evidente que mi Longanimidad, Bondad y Humildad, y mi eterno Amor a mis criaturas no se prestan para sus manejos codiciosos. ¡Pero pronto sus proyectos les serán desbaratados! Yo tengo sus cuentas delante de Mí... La medida de sus hechos ya se ha colmado y no falta más que uno solo; de modo que su merecido ya los está esperando.

9. Para aquel que no me conoce y no sabe Quién soy y cómo soy, para él sería mejor que no supiera nada de Mí, porque entonces aún le podría vivificar allá en el reino de los espíritus... Pero si ellos mismos se abstraen de mi ayuda porque matándome a Mí en su interior matan la Vida en ellos, esto resulta como una parra cortada de la viña...

10. Por esto ahora os digo que Yo soy el Dios Uno y eterno dentro de mi Naturaleza trina –– como Padre conforme a mi Divinidad, como Hijo conforme a lo perfectamente humano y como Espíritu conforme a toda Vida, todo Efecto y todo Conocimiento. Yo mismo soy el Amor y la Sabiduría, desde la eternidad. Nunca recibí nada de nadie. Todo lo que existe procede de Mí, y aquel que tiene algo, lo tiene de Mí. ¿Cómo, entonces, podría Yo ser un tirano y uno que dicta sentencias de perdición? –– ¡Insensatos! Yo os amo –– y vosotros me desdeñáis... Yo soy vuestro Padre –– y vosotros hacéis un verdugo de Mí... Donde Yo bendigo, vosotros maldecís... Donde Yo construyo, vosotros destruís... Donde Yo levanto, vosotros tumbáis... Donde Yo siembro, vosotros ahogáis... De modo que en todo lo que hacéis estáis en oposición conmigo... Si realmente fuera así como me pintáis, os digo que hace tiempo que la Tierra ya no existiría –– es decir, ¡que nunca habría sido ni siquiera creada! Pero ante el hecho de que soy como soy, todo sigue existiendo como entonces y como siempre seguirá existiendo; e incluso vosotros seguiréis siendo lo que vosotros habréis hecho de vosotros mismos –– y esto sin sentencia de perdición alguna por mi parte... Pero aquellos que me toman por El que soy y que me aman como Yo los amo, de ellos Yo haré lo que ellos quieren, para que sus delicias y su libertad perfecta perduren eternamente.

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