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Capítulo 26 El Gobierno de Dios, Libro 1

El gobierno ateo de Hanoc

1. Ahora vamos a volver un poco más a Hanoc porque, de pasada, aún os quiero mostrar lo que pasó en Hanoc en los primeros treinta años:

2. Hanoc había elegido a la mujer más guapa de todas y aún mantuvo dos concubinas; y se entregó sobre todo a la sensualidad. De esta manera empezó a perder la razón hasta que se olvidó de los asuntos de gobierno. Con lo que el poco raciocinio que le quedaba lo dedicó a la vida regalada, al esplendor, a la ropa fina y suave, y a la sensualidad.

3. Mientras sus súbditos tan sólo le traían muy buenas comidas de frutos de toda clase, y le preparaban ropa suave tejida de las hierbas más finas que crecían a los pies de las montañas, entonces estaba ya más que contento y los asuntos de gobierno y de la ley le dejaban indiferente.

4. Por supuesto, su servidumbre se dio cuenta de que él en su ceguera se había vuelto tibio. Listos y astutos como la serpiente misma, sus siervos empezaron a aquietar y distraer a su señor... y al mismo tiempo, pro forma como suplemento consentido por el soberano ––aunque fuera mentira–– consintieron a los súbditos toda clase de diversiones, mientras siguiesen trayéndoles más y más productos.

5. Cuando estos siervos vieron que, impunes, podían hacer lo que querían, ellos mismos empezaron a gobernar, promulgando nuevas leyes a los súbditos... Primero: Rendir al soberano un homenaje divino mediante diversas ofrendas. Segundo: Un súbdito que tiene una hija de belleza exorbitante debe concederla al soberano. El súbdito afortunado cuya hija sea aceptada, en adelante será exento de toda clase de impuestos, se volverá libre y propietario de su casa, y tendrá acceso libre a la casa del soberano donde podrá hablar con los siervos y una vez por año le será permitido ver al soberano y agradecerle esta gran gracia...

6. He aquí una artimaña de categoría por parte de la serpiente... Porque los padres empezaron a mantener a sus hijas categóricamente en casa, aplicando toda atención a que se volvieran lo más tiernas y guapas posible, con la esperanza de que tal vez también a ellos les tocara la suerte de que un buen día pudieran entrar en el estado de libertad. Una belleza de estas, por supuesto, ya no miraba a un hombre corriente porque se sentía predestinada para el soberano.

7. Pero, ¿cuál fue el resultado de todos estos engaños y fraudes? –– Lo peor que os podéis imaginar: Finalmente los siervos consiguieron usurpar el gobierno convenciendo a Hanoc de que ya no era soberano sino dios, y que sería indigno para él si ante su propia alteza y majestuosidad indecible todavía diera leyes a los gusanos terrestres... y que ellos, sus siervos, por sumo respeto ante su sublime santidad ya se encargarían de este negocio tan indigno para él; con lo que sólo tenía que hacer un gesto con la mano para indicarles su conformidad o disconformidad, y aceptar con condescendencia los tesoros que ellos acumulaban para él.

8. Por lo demás, que sólo se muestre una vez por año al pueblo que entonces se echará en el polvo ante él para adorarle. Y si a alguno de estos gusanos empolvados le quisiera demostrar una gracia excepcional, que le dé un puntapié con su pie tan sumamente santo.

9. Y si alguno de entre ellos entra en la gracia ––por haberle consagrado su hija extraordinariamente bonita–– que a él le levanten enseguida del suelo para que pueda contemplar el semblante de la dignidad divina del señor de todo poder y toda fuerza que le concede volverse un ciudadano de la ciudad santa del sublime dios Hanoc.

10. Estas adulaciones por parte de sus siervos lisonjearon a Hanoc de tal manera que enseguida estuvo de acuerdo. –– Ay, ¡necio de él!

11. De esta manera la servidumbre había conseguido lo que desde hace mucho tiempo ya anhelaba: La legislación y la sanción de todo el gobierno... De esta manera en vez de uno solo, de repente hubo diez soberanos que no hicieron la mínima diferenciación entre seres humanos, hermanos y animales –– a no ser que distinguieran entre bestias racionales y no racionales... Y sólo cuando uno de estos animales racionales supo hacer algo favorable para los soberanos, entonces tuvo el derecho de considerarse hombre.

12. Como los diez soberanos vieron que los “animales racionales” les obedecían incondicionalmente ––por supuesto por el gran miedo de los malos tratos extremadamente brutales que les daban–– uno tras otro eligió diez siervos entre los ciudadanos libres para ennoblecerlos junto con los suyos. Estos, a cambio, tenían que concederles a sus hijas como concubinas ––si les parecían suficientemente guapas–– y engendraron con ellas miles de niños a los que entregaban a los “animales racionales” para que los alimentasen. Una vez adultos, los masculinos formaron parte de los “animales racionales”, mientras que las femeninas sirvieron de concubinas, y esto ya desde la edad de doce años, con lo que de esta manera muchas se volvieron estériles... y más tarde cuando habían perdido sus encantos, las mandaban a cuidar animales.

13. De esta manera pasaron treinta años. Y como en este plan obsceno el pueblo había aumentado a varios cientos miles de personas que la servidumbre ya no podía abarcar con la vista, esta decidió ––con el consentimiento indiferente de Hanoc, su dios inerte–– que había que construir diez ciudades nuevas, a las que dieron los nombres de los diez soberanos:

14. Kad, Kahrak, Nohad, Huid, Hlad, Uvrak, Farak, Molakim, Uvrahim y Thahirak.

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