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Capítulo 5 El Gobierno de Dios, Libro 1

29. Ahora ve: Cuando tras el Poder del Amor misericordioso del eterno Dios infinito todos los Soles con sus Tierras obtuvieron su existencia, entonces aún no tenían su luz y su brillo, porque todavía reinaba la noche profunda en los astros surgidos. Pero el eterno Amor colocó una pequeña Chispa de su Gracia en el centro de los Soles y, más rápido que el rayo, esta Chispa hizo que todas esas masas oscuras brillasen y dieran luz a las Tierras, como aún actualmente lo hacen y seguirán haciéndolo, mientras la Chispa de la Gracia no les sea quitada.

30. Y ves, así las Tierras y Lunas obtuvieron su brillo y fueron repartidos entre los Soles en cantidad justa. Tras la Fuerza y el Poder de la Divinidad, el Amor les echó un vaho, y la luz en los Soles empezó a vibrar, los mares en las Tierras empezaron a ondular vehemente y los aires y vientos soplaron sobre los campos de las Tierras igual que el Espíritu de Dios sobre las aguas de la Misericordia. Las Lunas se alzaron encima de las Tierras a las cuales fueron dadas como un fruto al árbol y, como acompañantes continuos, empezaron a girar alrededor de las Tierras en órbitas muy amplias. Y donde había muchas Lunas, todas estas fueron ordenadas en órbitas fijas, como señal del amor de los hijos que miran fijamente el semblante de su Padre –– como las Lunas a sus Tierras, para que a causa de su consistencia muy delicada no sean desviadas de su órbita, lo que sería su destrucción...

31. Te digo que las Lunas no son sólidas sino son de materia muy suelta (parecida a la espuma de vuestros mares cuando está seca) y están peladas y no tienen agua. La finalidad de las Lunas es la de dar acogida a los espíritus de la materia (los que tienen una orientación totalmente material) y de poner a prueba su consistencia, y para prepararlos para el recibimiento de la Gracia.

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