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Capítulo 8 El Gobierno de Dios, Libro 1

«Eva, mira aquí tu hija, expulsada por ti, que serpentea en el árbol de tus avideces... ¡No desprecies su fruto que como pequeña dádiva puse en tu regazo, sino goza de él, que es el fruto de tu amor! Disfruta de él tranquilamente, porque no sólo no morirás, sino que te saciarás con el conocimiento de toda clase de vida inherente a Dios –– al que tú temes, a pesar de que es más débil que tú». Y mira, entonces la lengua de la serpiente se rajó y sus puntas quedaron más agudas que la punta de una flecha. Luego la serpiente inclinó su cabeza hacia los pechos de Eva a la manera de los pequeños niños cuando quieren dar un beso, sin embargo, clavó sus dos dientes venenosos en ellos... Y a continuación la serpiente, que representaba las avideces de Eva, se presentó en forma de una reproducción de Eva misma... – El Gobierno de Dios, Libro 1, Capítulo 8, Párrafo 10

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