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Capítulo 8 El Gobierno de Dios, Libro 1

10. «Eva, mira aquí tu hija, expulsada por ti, que serpentea en el árbol de tus avideces... ¡No desprecies su fruto que como pequeña dádiva puse en tu regazo, sino goza de él, que es el fruto de tu amor! Disfruta de él tranquilamente, porque no sólo no morirás, sino que te saciarás con el conocimiento de toda clase de vida inherente a Dios –– al que tú temes, a pesar de que es más débil que tú». Y mira, entonces la lengua de la serpiente se rajó y sus puntas quedaron más agudas que la punta de una flecha. Luego la serpiente inclinó su cabeza hacia los pechos de Eva a la manera de los pequeños niños cuando quieren dar un beso, sin embargo, clavó sus dos dientes venenosos en ellos... Y a continuación la serpiente, que representaba las avideces de Eva, se presentó en forma de una reproducción de Eva misma...

11. Entonces también Adán se dio cuenta de lo que pasaba allí debajo del árbol, y la segunda Eva le fascinó sobremanera; pero no se enteró de que no era sino la fantasmagoría de una serpiente... Seguidamente también en él se excitó la avidez –– provocado por la Eva seductora... Buscó el fruto en el regazo de su Eva, se volvió infiel al Amor y se entregó con sensualidad al fruto prohibido en el regazo de ella... Tras el consumo de este fruto Adán se reconoció a sí mismo como el primero... aquel que en el Reino de la Luz del eterno Amor llegó a la perdición por la gran vanidad de su ciego amor propio... aquel que cayó en el mar de la ira de la Divinidad eternamente implacable.

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