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Capítulo 9 El Gobierno de Dios, Libro 1

El juicio del Señor

1. Y ve: El eterno Amor, mediante el Poder y la Fuerza de su Misericordia, quitó las manos del Poder y de la Fuerza de delante de sus ojos de la Gracia que ilumina todo, y la Luz de la Gracia penetró en la cueva donde Adán lloraba y llegó detrás del zarzal donde Eva sufría en su gran tristeza.

2. Las lágrimas de Adán cristalizaron en el regazo de la tierra –– conocidas por “tummim”; se volvieron piedras de los que en el sentido figurado irradia la Luz de los siete Espíritus de Dios... Lágrimas que cristalizaron por la Luz de la Gracia conforme al profundo arrepentimiento de Adán... Lágrimas cristalizadas que dan testimonio de la Sabiduría divina iluminadora, y que fueron dispersadas por toda la Tierra como recuerdos consoladores para el renacimiento venidero –– un renacimiento que debe ser como estas lágrimas de Adán: apto para la recepción de la gran Luz del mar de la Gracia de la Misericordia del eterno Amor, apto para la repartición, o sea, reflexión hermosa de una gran parte de la Luz recibida, y apto para la resistencia a cualquier tentación por parte del mundo...

3. Y las lágrimas de Eva desconsolada fueron guardadas en la tierra detrás del zarzal, y obtuvieron el color del rubor de ella por su vergüenza justa de haber traicionado el amor sagrado de Adán.

4. El eterno Amor vio que cada una de las lágrimas era justa ante Adán, el hijo del Amor misericordioso; y el Calor del eterno Amor las cristalizó en piedras llamadas “urim”, como símbolo de la aflicción justa de Eva. Una lágrima cayó en el mismo zarzal que la cubrió, y como fue una de las que estaban derramadas por haber perdido la inocencia, la flor originalmente blanca de este zarzal cambió en rojiza. Y ve, aunque hoy en día los hombres ya conozcan todas las plantas que existen en la Tierra, su verdadero significado en el sentido espiritual y en la Verdad no lo conocen ni lo conocerán antes de su renacimiento que es la Misericordia del eterno Amor que implica la Gracia de la Redención.

5. Aún hay otro secreto que hay que descubrir a causa de la soberbia sacrílega de los hijos del mundo: Dos flores del zarzal fueron fructificadas con la lágrima que correspondía a la Eva inocente y conservaron su bendición fielmente para el eterno Amor... incluso durante todas tempestades de las épocas... y durante las grandes guerras de Jehová con los pueblos de la Tierra... Y, en la época de la dispensa de la Gracia desde lo Alto, estas dos gotas hicieron que en preparación y para la realización de la gran Obra del Amor misericordioso del eterno Dios, la mujer de Abraham y también la de Zacarías fueran profundamente vivificadas.

6. Y ahora vuelve a fijar tu atención en Adán y Eva... Ven conmigo a su encuentro y fíjate cómo Yo, el eterno Amor, los encontré: desnudos, abandonados, llorando y afligidos por su arrepentimiento justo y su vergüenza justa; y cómo saqué a Adán y a Eva de sus escondites.

7. Los dos no se atrevían ni siquiera a mirar el semblante de su Padre, porque estaban intimidados por un enorme trueno del juicio nefasto desde la profundidad de la ira de la Divinidad.

8. Y las llamaradas de la ira del Dios infinito se volteaban por todos los espacios infinitos, amenazando a la Tierra allí abajo en la que en aquellas fechas el gran Amor se encontraba al lado de sus hijos caídos y arrepentidos, creados por su Gracia misericordiosa.

9. Y fíjate: Estalló una lucha violenta entre el eterno Amor (que por el arrepentimiento y la contrición de los creados de nuevo tuvo Misericordia con ellos) y la Divinidad llena de ira por la profanación de su Santidad intocable que clamaba expiación.

10. Porque las llamaradas de la ira de la Divinidad cayeron con más ímpetu en la Tierra que el rayo, penetraron hasta el centro de ella y la encendieron en todas partes... Y las llamaradas devoradoras alcanzaron a la Luna y también al Sol, ¡e incluso a todas las estrellas! Con lo que ves: toda la infinitud inconmensurable se volvió un mar de llamaradas devoradoras, y horrendos truenos resonaron por los espacios infinitos... Gimió la Tierra... se embraveció el mar... lloró la Luna y se lamentó el Sol... Y todas las estrellas gritaron más fuerte que todos los truenos, por su miedo a la eterna aniquilación, y sus voces resonaron desde las profundidades insondables de la ira de la Divinidad, clamando:

11. “¡Gran Dios sumamente excelso! ¡Apacigua tu gran ira y apaga las llamaradas devoradoras de tu ira más que justificada, y sé indulgente con los inocentes; porque este fuego destruirá a los justos y aniquilará al eterno Amor inherente en Ti!... ¡Y te aislará a Ti mismo dentro del enorme Poder y la gran Fuerza de tu Santidad!”.

12. Durante el tiempo del acceso de ira de la Divinidad, en la Tierra que gemía, el Amor mantuvo protegida a la pareja arrepentida recién creada y, con el gran Poder y la Fuerza de su Misericordia, negó a la llamarada de la ira el acceso al lugar sagrado en el que se encontraban Adán arrepentido y Eva afligida.

13. Ahora oye las palabras terribles con las que respondió la Divinidad en su gran ira, en un lenguaje únicamente comprensible para el eterno Amor, pues dijo:

14. “¿De qué me sirven los gemidos de la Tierra?... ¿De qué las lágrimas de la Luna y de qué los lamentos de los Soles?... Y ¿de qué las lamentaciones de las estrellas? Porque me he quedado solo, abandonado por mi Amor que se me ha vuelto infiel y que se alejó de Mí para meterse ahí abajo con esa escoria de maldad... ¿Qué voy a hacer Yo sin el Amor? ¡Por esto voy a destruir todas sus obras desde la base, para que en todas las eternidades ya no haya nada que pueda abstraer mi Amor de Mí!... Y seguiré siendo Dios, el Único en todas las eternidades, y como lo fui desde todas las eternidades... Y tú, Creación quebradiza de mi Amor que se ha vuelto débil, ¡derrúmbate en escombros, para que Yo vuelva a encontrar a mi Amor y para que pueda fortificarlo mediante el Poder y la Fuerza de mi eterna Santidad! –– ¡Amén!”.

15. Acto seguido en todos los espacios de la infinitud de Dios se soltaron todos los lazos de la Creación y, con ruidos tremendos, los escombros se precipitaron a las profundidades de los espacios hacia la Tierra que también estaba destruida, pero todavía en el regazo amplio del Amor misericordioso.

16. Y la pareja recién creada temblaba de miedo ante semejante espectáculo de devastación cuyas dimensiones ningún espíritu creado jamás podrá percibir en su totalidad; porque fueros dimensiones infinitas...

17. Ahora oye lo que dijo el eterno Amor... Escucha las palabras del Amor con su Poder y mira las grandes obras de la Misericordia con su Fuerza:

18. “Gran Dios de todo Poder, de toda Fuerza y de toda Santidad, ¡retira tu gran ira, apaga su fuego destructor y, en la serenidad de tu Santidad, escucha las palabras de tu eterno Amor que es tu propia Vida... escucha a tu Amor que es eterno, poderoso y fuerte como Tú en él y él en Ti... No intentes destruir la Vida del Amor y, en consecuencia, a Ti mismo, ¡sino opta por la clemencia...! Permite que el Amor te proporcione satisfacción, exigiendo penitencia por tu Santidad profanada, ¡y ningún sacrificio que exijas a tu Amor por la reconciliación eterna de tu Santidad le resultará demasiado grande!”.

19. Y ahora ve y fíjate en lo que entonces ocurrió: El fuego se apaciguó y en todos los espacios hubo un soplo suave, todavía acompañado por truenos causados por los fragmentos de los astros aniquilados que centellaban desde una infinitud a otra como rayos.

20. Pero el Amor entendió los truenos de Dios que resonaron: “Te cargo con toda la culpa, como a la Tierra la cargo con los cascotes de los mundos de todos los espacio, y Tú vas a reconciliar la deshonra que sufrió mi Santidad... Vas a reconciliar mi Santidad que es el eterno vínculo entre Tú y Yo. ¡Y ahora maldigo la Tierra, para que ya no haya mancha que pueda ensuciar mi Santidad y para que no, como Tú, me vuelva una Divinidad profanada! ¡Y con esta maldición caerá a la carga de tu culpa que Tú tendrás que aceptar para reconciliar mi Santidad y lavar, con tu sangre, la Tierra de la maldición y la vergüenza causadas por el pecado de Adán!”.

21. Y ahora oye lo que el Amor respondió... Dijo: “Gran Dios sumamente santo de todo Poder y toda Fuerza, ¡Hágase tu Voluntad!”.

22. Nada más pronunciar estas palabras, se apagó todo el fuego en la Tierra y en todos los espacios de la Creación. Y, por el Poder y la Fuerza del Amor atendido por la Divinidad, los escombros de los Soles, de las Tierras y las Lunas volvieron a reunirse y volvieron a entrar en el mismo orden en que se encontraban en el origen de su existencia. Pero como eterna señal de su destrucción total en aquellos tiempos aún quedaron huellas indestructibles –– indestructibles como los estigmas del eterno Amor que más tarde en el más sublime de los tiempos sangraba en la cruz por todos...

23. De modo que aquí y allá en la superficie y en los mares de la Tierra quedaron fragmentos de otros astros, como señal del Poder y de la Fuerza de Dios, que al mismo tiempo daban testimonio palpable de las obras grandiosas del Amor misericordioso.

24. Y ahora entérate de lo que ocurrió después: Como el eterno Amor aceptó el desafío y de esta manera, de antemano, ya se reconcilió con la gran Santidad de la Divinidad, esta comunicó su santa Voluntad en un susurro ya más delicado y, otra vez únicamente comprensible para el Amor, dijo con benevolencia:

25. “Tu gran Misericordia se ha revelado en Mí ante mis ojos omnividentes. Y en todo el sosiego de mi Santidad he reconocido tu gran Sinceridad y eterna Fidelidad... He contado las lágrimas de arrepentimiento de Adán y las de la tristeza de Eva, y ante tu gran Misericordia me he vuelto compasivo del todo.

26. Por esto voy a revocar mis sentencias. Y ahora mismo, conforme a tu petición, voy a aplicar Clemencia en gran plenitud y voy a reparar el daño causado por mis juicios. Nadie sino únicamente Yo puedo arreglar algo, porque solamente Yo soy bueno –– Yo, que soy el Padre santo... Lo que será mi nombre eternamente. Y Tú, mi Amor, eres mi Hijo... Y la Santidad que es el eterno vínculo todopoderoso de la Fuerza entre Tú y Yo y todo lo que ha surgido de nosotros, que sea el Espíritu santo que va a llenar todos los espacios y todas infinitudes en todas las eternidades. ¡Amén! –– Y esto os lo dice ahora vuestro Padre santo, lleno de Bondad. ¡Amén!

27. Y ahora, mi Hijo amado, dile a la pareja contrita y triste ––y grábalo profundamente en sus corazones–– que en adelante y hasta el fin de su vida terrenal cumplan sin faltar con los mandamientos del Amor y de la Misericordia. Y Yo, para cuando lo tengo dispuesto, les mandaré un Mediador entre ellos y Yo, para redimir la gran culpa y para disminuir el gran peso de su desobediencia.

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