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[ABG 1.3] Después de haber oído estas cosas sobre Ti, he sacado en mí la conclusión que una de las dos cosas tiene que ser cierta: o bien eres Dios descendido del Cielo, — o bien, para cumplir tales cosas, eres al menos un hijo del gran Dios.

[ABG 1.11] Poco tiempo después que Abgaro hubo recibido esta celestial respuesta, sucedió que el primogénito, príncipe heredero de este rey, cayó en una fiebre mortal que los médicos de Edessa dijeron que era incurable. Esto llevó al desdichado Abgaro casi a la desesperación. En su grandísima aflicción escribió nuevamente al buen Salvador.

[ABG 2.2] ¡Oh Jesús, buen Salvador! Mi hijo primogénito, heredero del trono, quien esperaba conmigo, con gran paciencia y gozo, Tu llegada a mi ciudad, ha enfermado mortalmente. Una fiebre maligna se ha apoderado de él, poniéndolo en peligro de morir en cualquier instante. Pero yo sé, como el mensajero me ha asegurado, que Tú curas estas enfermedades sin medicinas, solamente con Tu palabra y Voluntad, incluso a distancia.

[ABG 2.5] »Abgaro, grande es tu fe. Por ella bien podría mejorar tu hijo. Mas como Yo he encontrado en ti más amor que en Jerusalén, por eso quiero hacer mucho más por ti que si sólo hubieras creído.

[ABG 2.11] En días próximos llegará a tu ciudad un joven pobre. A éste acógelo y hazle bien y con eso alegrarás mi corazón — y hazle todo el bien a causa de la gracia tan grande que Yo he demostrado para con tu hijo, al enviarlo antes que Yo, debido a su gran amor, allí donde Yo mismo iré después de haber sido levantado en el madero— Amén.«

[ABG 3.2] En tu magnífica carta de gracia, que Tú Señor, Señor Dios desde toda la Eternidad, me has enviado a mí gusano del polvo, en Tu infinita bondad, para mi gran consuelo y el de mi hijo, ya había reconocido con toda lucidez y claridad, antes de esta carta que te envío hoy, que el Amor Supremo tiene que habitar en Ti. Si no fuera así, sería imposible que Tú, el único Dios de todos cielos así como de esta tierra, me hayas concedido a mí, un gusano ante Ti, tal poderoso reconfortamiento al haber pensado en mi hijo, que te ama sobre todas cosas. — No puedo, Señor, darte a cambio otra cosa más, bajándome al polvo de mi insignificancia ante Tu nombre santísimo, que ofrecerte mi agradecimiento en prenda de nuestro amor tan entrañable; acuérdate siempre de nosotros en Tu incomprensible clemencia.

[ABG 3.4] Este joven afirma haberte visto. Tiene un talento descriptivo muy sencillo y Te detalla, me parece, con suma exactitud y acierto. Este joven, que a causa de su talento me es muy querido, para nuestra gran alegría nos describió recientemente Tu figura de una forma tan clara, que yo y mi hijo, que aún vive, pero que por cierto ya está muy débil, creímos verdaderamente verte. En mi ciudad vive un gran artista en el arte de pintar. Siguiendo a descripciones del joven, hizo inmediatamente un retrato de Tú cabeza con el pecho. Esta imagen nos sorprendió tanto más, para mi mayor alegría y la de mi hijo, cuando el joven pobre aseveró que Tú, ¡oh Señor, justamente así parecías!

[ABG 3.5] Por lo que aprovecho también esta ocasión, para enviarte Tu propio retrato a través del fiel portador de ésta mi carta, con el correspondiente agradecimiento a Ti, para que lo examines y me digas si este cuadro se parece verdaderamente a Ti.

[ABG 3.6] ¡Oh Jesús, Tú, buen Salvador de todos los hombres, no te enojes con nosotros por eso!. Pues no una vana curiosidad, no, sino un puro y grandísimo amor hacia Ti nos impulsó a ello, haciéndonos pintar de este modo la más valiosa alhaja de nuestro corazón, para que pudiéramos hacernos alguna idea de Ti, que has llenado nuestro corazón con Tu Amor hasta la profundidad más honda, y has llegado a ser nuestra mayor riqueza, nuestro mayor consuelo y el más delicioso adorno nupcial de nuestro corazón, en la vida y en la muerte.

[ABG 3.8] »¡Mi bendición, Mi Amor y Mi Gracia, a ti, mi muy querido hijo Abgaro!.

[ABG 3.11] ¡Oh Abgaro, Abgaro! Si supieras y pudieras comprender cuanto te amo por eso y que gran alegría das a mi eterno Corazón de Padre — una felicidad demasiado grande te ahogaría de tal modo que no podrías vivir nunca más.

[ABG 3.15] En cuanto al parecido entre Mi aspecto físico y el retrato que me has enviado por tu mensajero, te lo dirá fielmente él, tu mensajero, quien ya me ha visto ahora tercera vez. Quien desea una imagen de Mí con esa intención tuya, no peca. Porque el Amor soporta todo. Pero desgraciado de aquél que quiera hacer de Mi imagen un ídolo — ¡Pero guarda igualmente este cuadro en secreto!

[ABG 4.2] ¡Oh, mi buen Salvador Jesús!, en verdad le ha sucedido a mi querido hijo lo que Tú, oh Señor, me habías predicho en la segunda carta. Murió hace unos días, y en su lecho de muerte me suplicó aún encarecidamente, con lágrimas en los ojos, que te expresara en este escrito su más profundo agradecimiento por el hecho de haberle dejado partir clementemente, sin dolor alguno y sin temer la muerte del cuerpo.

[ABG 4.6] Finalmente tengo aún la osadía de adjuntar a esta carta el ruego de que no me prives de Tu consuelo. Pues después de la partida de mi hijo, una gran tristeza se ha apoderado de mí, la cual no puedo superar ni con la mejor y más firme voluntad. Por lo tanto te ruego, buen Salvador, Tú el mejor Padre desde la eternidad, que quieras librarme de este gran dolor. Pero que se haga, no mi voluntad, sino la Tuya santísima.

[ABG 4.7] »Mi querido hijo y hermano Abgaro. En lo que respecta a tu hijo lo sé todo. Me es sumamente grato que haya tenido un fin terrenal tan hermoso y, aún más, un comienzo mucho mejor en Mi Reino.

[ABG 4.9] Yo mismo vierto una preciosa lágrima por él. — Así fue creado, todos los mundos, de una lágrima de mis ojos. Y así mismo será también formado el nuevo cielo.

[ABG 4.10] Yo te digo que las buena lágrimas son de un grandísimo valor en el cielo. Porque con estas joyas preciosas se adornará eternamente el cielo. Mas las malas lágrimas del odio, de la envidia y de la cólera fortificarán el infierno en su solidez.

[ABG 4.12] ¡Continúa siendo muy misericordioso y encontrarás también gran misericordia!. ¡No olvides a los pobres, porque todos, sin excepción, son mis hermanos! Lo que les haces a ellos, lo haces conmigo y Yo te lo devolveré centuplicado.

[ABG 4.13] ¡Busca lo grande — es decir Mi Reino — así lo pequeño de este mundo te será igualmente concedido! Pero, si buscas lo pequeño, entonces no podrás ser tenido por digno de lo grande.

[ABG 4.14] Tienes en la prisión de tu reino un criminal que, en virtud de tus sabias leyes, ha merecido la muerte. Pero Yo te digo: el Amor y la Misericordia están en un grado más alto que la sabiduría y la justicia. Trátalo, por ello, el amor y la compasión, así tú serás uno conmigo y con Aquél que está en Mí y del cual he venido para ser un hombre al igual que tú. — Amén.

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