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[GD 1.19.12] «Ve, ¡todo esto es la culpa de Abel!», le respondió la serpiente. «¡Porque él quiere usurpar todo el poder para reinar! Él quiere privarte de tu derecho del primogénito y lo ha urdido de una manera tan astuta que ha cegado incluso al Amor de la Divinidad, fingiendo ser devoto, para que le deje reinar sobre todo lo que existe en la Tierra, permitiéndole que te pise con los pies, burlándose de ti. Porque entonces cuando me encontraste entre la hierba e hiciste lo que te había aconsejado, te habrías vuelto un señor sobre todo –– si la astucia tramposa de tu hermano no hubiera descubierto lo que ibas a ser... Por esto Abel acudió con cariño fraternal, fingido como si te quisiera ayudar... En fin, también te ayudó, pero no para el trono que te corresponde únicamente a ti, sino para la miseria, una discriminación total de tu dignidad –– de lo cual hace tiempo ya habrías debido darte cuenta...

[GD 1.19.15] Ahí ves la gran astucia de Abel que por su gran hipocresía quiere incitar al Señor a que, en su gran ceguera, finalmente le entregue todo su Poder a él... con la intención de que después pueda echarle de su trono... Con lo que después Dios se consumirá en la Tierra, mientras que Abel será un Dios soberano en el trono de Jehová, eternamente.

[GD 1.19.18] Pero Abel le respondió: «Lo que tú crees que pueda ocurrir, ¡esto ya ha ocurrido! Aun así, lo que tú me pides dentro de tu depravación, esto te lo voy a consentir por mi amor... La muerte que tú piensas darme caerá sobre ti, y mi sangre con la que vas a manchar la tierra clamará a Dios y caerá sobre ti y todos tus hijos; y la piedra con la que vas a matarme a golpes será una piedra del escándalo en la que tropezarán todos tus hijos. La serpiente estropeará toda la sangre de la Tierra, y los hijos de la Bendición clamarán venganza sobre tu sangre. Vendrán unas grandes tinieblas sobre vosotros y nadie comprenderá el lenguaje de su hermano –– como tú que ahora ya no comprendes el mío, porque has permitido que te deslumbre tu propia maldad manifiesta en la forma de la serpiente dentro y fuera de ti –– que era, es y siempre será la maldición manifiesta del juicio justo de Dios.

[GD 1.19.25] A eso, Caín cogió a Abel amablemente del brazo y le dijo: «Pero Abel, ¿qué piensas de mí? ¡Yo vengo para pedirte ayuda y tú, de antemano, me inculpas de tu muerte! Ven, pues, al lugar donde la serpiente te está esperando y destrúyela como la montaña –– y libra a los dos de los reproches de ella».

[GD 1.20.4] Al llegar allí, vio un monstruo de 666 varas de largo y de 7 varas de ancho y de gordo, provisto de diez cabezas, cada una con diez cuernos en forma de una corona. Este monstruo se estaba acercando a Caín, nadando contra la corriente.

[GD 1.20.9] Caín miró a la joven encantadora y le dijo: «Pues sí, ¡ésta es tu auténtica forma que a la vez es la más temible! Porque aquel que te ve con tus diez cabezas, te huirá como a un juicio de la Divinidad; pero aquel a quien te acerques con este aspecto, irá detrás de ti... te amará más que a Dios y se considerará el ser más feliz cuando tú le agarras con tus manos eternamente mortíferas... y los hombres te erigirán templos y altares, y besarán tu detritus.

[GD 1.20.13] A estas palabras de Caín la doncella serpiente se encendió tanto en su ira interior que empezó a irradiar una luz fuerte como la del Sol, e instantáneamente adaptó la figura de Abel. Poniendo una cara más que amable dijo a Caín:

[GD 1.20.14] «¡Insensato! Mira Caín, malvado hermano mío, aquel al que has matado con una piedra, él está ahora delante de ti, transfigurado, y te extiende su mano para la reconciliación... Y no temas la serpiente, ¡porque esa eres tú mismo! ¿Quién fue el que se volvió infiel al Señor, ¿la serpiente o tú? –– ¿Quién cohabitó con tu mujer ––igual que los perros–– sin el sacrificio exigido cada vez antes y después?... ¿Quién maldijo el calor, y quién, en su pereza, sacrificó al Señor la paja vacía?... ¿Fue la serpiente o fuiste tú mismo quien se enfureció por celos contra tu hermano? ¿No fue la serpiente más bien una manifestación exterior de tu propia maldad interior, con la cual tu mismo en tu gran chaladura te persuadiste a ti mismo para asesinar a tu hermano?

[GD 1.20.15] ¿Cómo es que ahora maldices a la serpiente, la cual eres tú mismo? –– ¿Igual aún vas a tomar a tu propio hermano por la serpiente personificada? Cuando tu hermano todavía vivía y tú fuiste a buscarle para darle la muerte física –– pidiéndole con tu gran astucia que te liberase de la serpiente, ¿acaso no te preguntó si tú pensabas que él también pudiera ser un fratricida?

[GD 1.20.16] ¡Contesta si es así o no! Y sólo si no es así, ¡entonces maldice a la serpiente! ¡A mí ––que vengo de lo Alto para ayudarte como hermano transfigurado–– no me tomes por la serpiente porque esa eres tú mismo, sino tiéndeme la mano todavía manchada de sangre para que mi amor fraternal la pueda limpiar de su gran culpa, y para que tú puedas volver a encontrar Gracia ante los ojos del Señor».

[GD 1.20.17] En su ceguera Caín se dejó impresionar por Satanás; y ya pensaba tenderle la mano al seductor, cuando cayó un poderoso rayo del cielo entre el mentiroso y Caín. El Abel pretendido se quedó como serpiente en el suelo y a Caín le temblaron las carnes, convencido de que el juicio de lo Alto estaba a punto de llegar.

[GD 1.20.30] Y la voz continuó: «Caín, aquel que hace el mal es un pecador... Aquel que paga el mal con el mal es un siervo del pecado... El que hace el bien por el bien, él ha compensado su deuda... El que paga el bien doble o más, él merece a sus hermanos... Pero lo único que cuenta ante Dios es: Pagar el mal con el bien, bendecir a los que maldicen a los bienhechores, y dar la vida a aquel que ha dado la muerte...

[GD 1.21.1] A eso el gran miedo de Caín empezó a calmarse. La nube desapareció y él fue para buscar alimento para los suyos, llorando lágrimas de arrepentimiento de lo mucho que se había alejado del paraíso, consciente de haber perdido el Amor del Señor que le había expulsado entregándole a las manos de Justicia severa, con lo que se encontraba ante el umbral del juicio de Dios. Absorto en sus reflexiones, sus lágrimas de arrepentimiento aumentaron y, cada vez más, se volvió consciente de las dimensiones de su culpa ante Dios; y al mismo tiempo caviló si no pudiese haber la menor esperanza para alcanzar la más mínima parte del Amor.

[GD 1.21.3] Pero en ese mismo instante Caín tuvo una ocurrencia sabia y dijo a los suyos: «Mujer e hijos míos, ¡reteneos y no toquéis estos frutos abundantes, porque aún no sabemos si incuban la vida o la muerte! Por lo tanto, echémonos al suelo para reconocer nuestra gran culpa ante Dios y, en el polvo de nuestra nulidad, ¡roguémosle que nos bendiga este fruto! Y si lo hace por su gran Clemencia, antes aún tendremos que darle las gracias... y sólo después, con gran respeto, podremos alimentarnos con ellos sobriamente».

[GD 1.21.4] Ante esta advertencia todos dieron algunos pasos hacia atrás e hicieron caso a la voluntad y la buena comprensión de Caín que, llorando, recitó: «Oh, santo Dios sumamente justo, míranos con indulgencia a nosotros que en el polvo de nuestra nulidad somos unos gusanos ante Ti y que por su gran culpa no se atreven ni a levantar la vista hacia Ti... Acuérdate de nuestra debilidad y no permitas que nosotros, que somos unos pobres pecadores arrepentidos, perezcamos...

[GD 1.21.7] A eso se acercó una nube encendida desde las montañas, se detuvo encima del zarzal y, acompañado de un fuerte trueno, cayó un poderoso rayo en él. Enseguida salió silbando una serpiente muy grande que, con sus fauces abiertas, se dirigió hacia Caín que se asustó profundamente. Pero los rayos continuaron persiguiéndola, de modo que tuvo que huir a toda prisa hacia las arenas ardientes del extenso desierto. Una vez que la serpiente se hubo perdido de vista, Caín dio silenciosamente las gracias a Dios por la salvación de este gran peligro.

[GD 1.21.9] Viendo la gran Generosidad del Señor, de nuevo Caín cayó al suelo y, con lo suyos, le agradeció con todo fervor del corazón: «Oh, Señor, ya que tu Justicia es tan grande e insondable, ¡qué de grande tiene que ser tu Amor, dado que te acuerdas incluso del mayor pecador concediéndole tu Gracia! –– Oh, eterno Amor, ¡qué inmensa debe ser la malicia que jamás podría subestimarte!».

[GD 1.21.11] Mira, te voy a dar un término de dos mil años, y durante este plazo a nadie ya le alcanzará mi Justicia; sino que voy a preparar con ella un gran recipiente y ponerlo por encima de las estrellas... Y con mi Amor voy a preparar un segundo recipiente y lo pondré debajo del suelo de la Tierra... Y lo que entonces haréis será cosa vuestra... Si hacéis el mal, entonces vuestras acciones llenarán el recipiente de la Justicia; y en cuanto este esté lleno, reventará por todas partes y su contenido se precipitará sobre los autores del mal, con lo que su peso los aplastará a todos. Y si el recipiente del Amor debajo del suelo queda vacío, entonces servirá para acoger a los muertos para un suplicio extenso, pero purificador. Aquellos que permitan ser sometidos a este proceso de purificación, serán expatriados a las estrellas donde les espera una larga lucha. Pero aquellos que por su maldad interior se endurezcan, en lo venidero serán echados al fondo de este recipiente donde bajo la ira de Dios habrá un llanto y crujir de dientes eterno.

[GD 1.21.12] Ahora acudid al zarzal que está chorreando Bendición, y comed para saciar vuestra hambre –– pero siempre considerando de Quién viene esta dádiva.

[GD 1.21.13] Extendeos en las llanuras de la tierra baja, pero que nadie se atreva a poner el pie en las montañas porque son sagradas y reservadas para mis hijos. Aquel de vosotros que jamás ose ignorar este mandamiento, se volverá víctima de los animales salvajes que allí viven, porque hay osos, lobos, hienas, leones, tigres y también serpientes; y lo mismo les pasaría también a vuestros animales mansos que tendréis.

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