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[GD 1.5.37] Por esto, aquel que siempre se mantiene dentro del justo medio del amor al conocimiento, él se encenderá por amor a Dios como el ecuador de la Tierra, y sus ojos relumbrarán por la comprensión como los polos; sus brazos estarán continuamente en función como las fuentes y los ríos, y sus actividades tomarán rumbo a los mares de la Misericordia divina que están condimentados con la Gracia y los conocimientos del eterno Amor y de la Vida eterna.

[GD 1.6.2] Ahora acabas de ver el Sol y de enterarte de su naturaleza –– una naturaleza que es simple y que tiene que ser así, para poder conservarse para la finalidad para la cual el Orden del Amor la ha previsto.

[GD 1.6.10] Pero aquel que no es como la Luna ni como la Tierra, tampoco puede volverse como el Sol, sino más bien sólo como un cometa que no tiene consistencia: toda su composición no es sino algo robado de las emanaciones de la Gracia de los Soles, su trayecto es desordenado como los caminos de los ladrones y, por el miedo de la Luz, es empujado de un universo a otro... No encontrará sosiego alguno, pero la Luz le perseguirá en todos sus caminos, iluminando su nulidad.

[GD 1.6.11] Finalmente le tocará la suerte de las estrellas fugaces que, expulsadas de la Gracia por su nulidad, serán destruidas por el robo de la Gracia: la misma Luz robada las aniquilará... Con lo que dejarán de existir, igual que los frutos de los árboles que surgieron demasiado pronto ante la luz, antes de que el Amor los hubiera consolidado... Porque por la falta de una relación suficientemente intensa con el Amor, se volverán cada vez más flojos y caerán del árbol al suelo, aplastados.

[GD 1.6.14] Y ves, todo esto y mucho más os enseñará mi Espíritu –– si percibís su voz... Pero su voz no es alta sino muy baja... Y precisamente por ello penetra en todo como el Calor del Amor y la Luz de la Gracia y como la Fuerza del Amor misericordioso de vuestro Padre santo.

[GD 1.7.2] Ve y oye: De modo que ya estaban la Tierra, la Luna, el Sol y las estrellas, cuando la Tierra se encontraba todavía desnuda y su superficie era todo mar. Encima del mar había nubes densas que penetraban incluso profundamente en el espacio muerto, con lo que la luz del Sol no podía iluminar la gota de la Misericordia. La Luna estaba cubierta del vaho de la gota, alimentándose de él. Y sólo en este vaho la Tierra terminó de nacer del todo. Y el Sol, con sus rayos de luz procedentes del Calor del Amor de Dios, estaba encima de los dos como una gallina que incuba a sus polluelos, hizo que la Tierra madurase y separó la Luna del pecho de su madre.

[GD 1.7.3] Después de eso se abrieron las nubes densas y se retiraron hacia los polos, de modo que el ecuador de la Tierra quedó sereno... y el Sol se vio en las aguas... Con gratitud la Tierra reflejó la luz recibida en el seno amplio del Sol y vio asombrada cómo la Luna se bañaba en las irradiaciones de la Gracia del eterno Amor del Sol.

[GD 1.7.5] Entonces hubo sosiego en toda la Tierra y en todos los espacios de la infinitud de Dios. Y el eterno Amor se inclinó por primera vez al ras del suelo de la Tierra y, en su Omnipotencia y Fuerza, sopló su Vaho sobre toda ella –– un Vaho que consistía en una plenitud infinita de pensamientos en formas animadas de toda especie, con el objetivo de la futura Redención de todos los que estaban en la perdición.

[GD 1.7.6] Y ves, del suelo de la Tierra brotaron hierbas, plantas, zarzas y árboles de toda clase, los mares y ríos se llenaron de peces y otros animales y en el aire hubo una gran cantidad de pájaros de toda clase. Y el número específico de cada especie de la tierra, en el agua o en el aire era igual a aquel del hombre que fue creado a base de este número... y fue igual al número de la Gracia del Amor... y fue igual al número de la futura Redención... e igual al número del renacimiento como consecuencia de esta.

[GD 1.7.15] El Amor misericordioso se complació mucho en las obras de su Poder y Fuerza mediante la Gracia de su Misericordia. Y enseñó a los dos todas las cosas, y cómo tenían que servirse de ellas. Cuando todo estuvo comprendido, el Amor aún les dijo: «Ahora habéis aprendido todo y podéis hacer uso sabio de ello –– sólo queda un último detalle en el que os voy a introducir ahora mismo y os voy a proporcionar la capacidad para tanto: la procreación de vuestro género... Pero hacer el uso de ello sólo os será permitido después de que Yo haya vuelto y os encuentre vestidos con el vestido de la obediencia, de la humildad, de la fidelidad y de la inocencia justa. Pero ¡ay de vosotros si en este sentido os encuentre desnudos!, ¡porque os expulsaré y la consecuencia será vuestra muerte!».

[GD 1.8.11] Entonces también Adán se dio cuenta de lo que pasaba allí debajo del árbol, y la segunda Eva le fascinó sobremanera; pero no se enteró de que no era sino la fantasmagoría de una serpiente... Seguidamente también en él se excitó la avidez –– provocado por la Eva seductora... Buscó el fruto en el regazo de su Eva, se volvió infiel al Amor y se entregó con sensualidad al fruto prohibido en el regazo de ella... Tras el consumo de este fruto Adán se reconoció a sí mismo como el primero... aquel que en el Reino de la Luz del eterno Amor llegó a la perdición por la gran vanidad de su ciego amor propio... aquel que cayó en el mar de la ira de la Divinidad eternamente implacable.

[GD 1.9.2] Las lágrimas de Adán cristalizaron en el regazo de la tierra –– conocidas por “tummim”; se volvieron piedras de los que en el sentido figurado irradia la Luz de los siete Espíritus de Dios... Lágrimas que cristalizaron por la Luz de la Gracia conforme al profundo arrepentimiento de Adán... Lágrimas cristalizadas que dan testimonio de la Sabiduría divina iluminadora, y que fueron dispersadas por toda la Tierra como recuerdos consoladores para el renacimiento venidero –– un renacimiento que debe ser como estas lágrimas de Adán: apto para la recepción de la gran Luz del mar de la Gracia de la Misericordia del eterno Amor, apto para la repartición, o sea, reflexión hermosa de una gran parte de la Luz recibida, y apto para la resistencia a cualquier tentación por parte del mundo...

[GD 1.9.3] Y las lágrimas de Eva desconsolada fueron guardadas en la tierra detrás del zarzal, y obtuvieron el color del rubor de ella por su vergüenza justa de haber traicionado el amor sagrado de Adán.

[GD 1.9.5] Aún hay otro secreto que hay que descubrir a causa de la soberbia sacrílega de los hijos del mundo: Dos flores del zarzal fueron fructificadas con la lágrima que correspondía a la Eva inocente y conservaron su bendición fielmente para el eterno Amor... incluso durante todas tempestades de las épocas... y durante las grandes guerras de Jehová con los pueblos de la Tierra... Y, en la época de la dispensa de la Gracia desde lo Alto, estas dos gotas hicieron que en preparación y para la realización de la gran Obra del Amor misericordioso del eterno Dios, la mujer de Abraham y también la de Zacarías fueran profundamente vivificadas.

[GD 1.9.10] Porque las llamaradas de la ira de la Divinidad cayeron con más ímpetu en la Tierra que el rayo, penetraron hasta el centro de ella y la encendieron en todas partes... Y las llamaradas devoradoras alcanzaron a la Luna y también al Sol, ¡e incluso a todas las estrellas! Con lo que ves: toda la infinitud inconmensurable se volvió un mar de llamaradas devoradoras, y horrendos truenos resonaron por los espacios infinitos... Gimió la Tierra... se embraveció el mar... lloró la Luna y se lamentó el Sol... Y todas las estrellas gritaron más fuerte que todos los truenos, por su miedo a la eterna aniquilación, y sus voces resonaron desde las profundidades insondables de la ira de la Divinidad, clamando:

[GD 1.9.13] Ahora oye las palabras terribles con las que respondió la Divinidad en su gran ira, en un lenguaje únicamente comprensible para el eterno Amor, pues dijo:

[GD 1.9.16] Y la pareja recién creada temblaba de miedo ante semejante espectáculo de devastación cuyas dimensiones ningún espíritu creado jamás podrá percibir en su totalidad; porque fueros dimensiones infinitas...

[GD 1.9.18] “Gran Dios de todo Poder, de toda Fuerza y de toda Santidad, ¡retira tu gran ira, apaga su fuego destructor y, en la serenidad de tu Santidad, escucha las palabras de tu eterno Amor que es tu propia Vida... escucha a tu Amor que es eterno, poderoso y fuerte como Tú en él y él en Ti... No intentes destruir la Vida del Amor y, en consecuencia, a Ti mismo, ¡sino opta por la clemencia...! Permite que el Amor te proporcione satisfacción, exigiendo penitencia por tu Santidad profanada, ¡y ningún sacrificio que exijas a tu Amor por la reconciliación eterna de tu Santidad le resultará demasiado grande!”.

[GD 1.9.20] Pero el Amor entendió los truenos de Dios que resonaron: “Te cargo con toda la culpa, como a la Tierra la cargo con los cascotes de los mundos de todos los espacio, y Tú vas a reconciliar la deshonra que sufrió mi Santidad... Vas a reconciliar mi Santidad que es el eterno vínculo entre Tú y Yo. ¡Y ahora maldigo la Tierra, para que ya no haya mancha que pueda ensuciar mi Santidad y para que no, como Tú, me vuelva una Divinidad profanada! ¡Y con esta maldición caerá a la carga de tu culpa que Tú tendrás que aceptar para reconciliar mi Santidad y lavar, con tu sangre, la Tierra de la maldición y la vergüenza causadas por el pecado de Adán!”.

[GD 1.9.24] Y ahora entérate de lo que ocurrió después: Como el eterno Amor aceptó el desafío y de esta manera, de antemano, ya se reconcilió con la gran Santidad de la Divinidad, esta comunicó su santa Voluntad en un susurro ya más delicado y, otra vez únicamente comprensible para el Amor, dijo con benevolencia:

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