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[GD 1.13.17] Ahora deja tu altar y ponte a mi izquierda, para que la diestra castigadora quede libre ante los infractores. Y sígueme a la morada del pecado. En cuanto haya despertado a los pecadores del delirio de su lascivia y ellos huyan apoderados por el miedo ante la espada de la Justicia, entonces sígueles como “compañero de huida”, llevando contigo una pequeña parte de los regalos perdidos... Y donde fatigados y agobiados caigan llorando al suelo ––en un país muy lejano que se llama “Ehuehil”, es decir, “país del refugio”–– allí entrégaselos para su alivio... Erige también allí un altar como este de aquí –– un altar cuyas llamas siempre arderán, incluso debajo de las aguas que en cierta época cubrirán toda la Tierra... Y este altar se volverá una montaña, inaccesible para cualquier pie humano, hasta que en el tiempo de los tiempos inclinará su cúspide ante el plano que se llamará “Belén”, la pequeña ciudad del gran Rey... la que algún día será la ciudad mayor de la Tierra... Y su Luz brillará más que la luz de los Soles de los mayores espíritus. Y en este nuevo altar en el país del refugio, con tu gratitud sacrificarás al Señor de todos los comestibles, para que se vuelvan saludables para estos pecadores y para que fortifiquen a los arrepentidos y consuelen a los tristes».

[GD 1.13.23] «¡Adán!, ¡levántate consciente de tu culpa y huye, porque no puedes morar más aquí! Te jugaste el paraíso por ti y todos tus descendientes hasta que llegue el gran tiempo de los tiempos, y te jugaste una gran parte de los regalos... por tu culpa, por haberte olvidado del día del Señor... por haberte embriagado con el zumo de un vegetal que era una obra maestra de la serpiente; discurrida para capturar tu libertad, enredar tus pies, turbar tus sentidos... para que te olvidases de Dios y te entregases al vil pecado.

[GD 1.13.27] Enseguida se echó a los pies del ángel, llorando a lágrima viva suplicando clemencia, porque la espada llameante le había abierto la visión... una visión en cuya luz horrorosa de la justicia castigadora se dio cuenta del alcance de la desgracia que él, por su imprudencia, había provocado para él mismo y todos los suyos...

[GD 1.13.29] «¡En la Justicia no hay Gracia y en el juicio no hay libertad! –– ¡Por esto huye, empujado por la Justicia castigadora, para que con tu paso indolente no te alcancen los juicios de Jehová! Porque el castigo es la recompensa de la Justicia. Quien lo acepta tal como lo ha merecido, aún puede contar con clemencia. Pero aquel que se opone a la Justicia y sus consecuencias, él es un traidor de la sagrada Santidad de Dios y será víctima de los juicios de Aquel que no consiente en la libertad sino que únicamente aplica la eterna cautividad en la ira de la Divinidad.

[GD 1.13.35] Allí quedaos, y déjales que descansen. Y tú mismo, concéntrate allí ante Mí, para que te conceda fuerzas en abundancia para la confortación de tus padres, hermanos y hermanas, conforme la necesiten y sean receptivos a ella. Y ahora haz lo que te dije por amor a ellos y por obediencia a Mí».

[GD 1.13.37] Y cuando Adán vio como su hijo les estaba ayudando a todos, le dijo con el corazón conmovido: «Oh, querido hijo mío, como viniste para ayudarnos en nuestra gran miseria, ¡recibe toda mi bendición con gratitud, por el consuelo de tu padre y tu madre tan débiles!

[GD 1.13.40] Acto seguido el ángel agitó la espada de la Justicia, y todos huyeron deprisa... una huida durante días y noches, sin descanso alguno.

[GD 1.13.41] De esta manera llegaron al país ya nombrado, donde por ninguna parte se veía una sola hierba, una sola zarza o un solo árbol. Y con el Sol en el cenit que quemaba, Adán, Eva y todos los demás cayeron totalmente agotados en el polvo ardiente. A todos se les cerraron los ojos porque el sueño retrasado las obligó a hacerlo. De esta manera se durmieron, inconscientes, como cautivos en los lazos de la debilidad por la ira de la Divinidad.

[GD 1.13.43] «Ve, Abel, de todos los sacrificios que en la pureza de tu ánimo consagraste al Señor de toda Santidad no hubo ninguno que le agradara tanto como éste. Por este motivo, conforme a la Voluntad de lo Alto, recibe esta espada de la Justicia de la mano de tu hermano de lo Alto, y ve que somos hijos del mismo Padre santo... Rige con él en el bien de los tuyos, conforme el Poder de la Sabiduría y la Fuerza del Amor... Estimula en ellos la Fuerza de la Vida que se ha vuelto muy débil, haz que en ellos de nuevo se encienda el amor para con el Amor del Padre santo, y haz que en sus corazones se encienda la llama del temor justo de Dios. Yo mismo no te abandonaré, aunque esté invisible. Pero cuando quieras, también estaré a tu lado fraterno muy querido, visiblemente, siempre preparado a ayudarte conforme a la Voluntad del Señor.

[GD 1.14.1] Enseguida Abel se puso de rodillas, compenetrado de suma alegría por tanta Gracia de lo Alto, y dijo: «¡Oh gran Padre querido, sumamente santo y bueno, ve a tu siervo insignificante, aquí ante Ti en el polvo y consciente de su profunda indignidad!... Y ve como desde su profunda bajeza te mira a Ti, el Todopoderoso lleno de Misericordia, en tu suma altura... Oye al hijo que implora tu Gracia por sus padres débiles y por todos sus hermanos y hermanas... Y no me prives de tu Fuerza, este gran regalo que emana de Ti... ¡Consiente en que esta tu gran Fuerza se derrame sobre ellos para el perdón del pecado y la recuperación de la Vida que emana de Ti!

[GD 1.14.8] Enseguida nuevas fuerzas vitales penetraron en los que estaban durmiendo, con lo que todos inmediatamente se despertaron y enderezaron. Admirados sobremanera por semejante transformación del desierto, miraron a todos lados; e iban a gritar de entusiasmo, cuando Adán se levantó y los detuvo:

[GD 1.14.10] Yo por lo menos lo hice, nada más despertarme, pero me tenía que convencer de que todas cosas se habían vuelto mudas y ellas tampoco comprendían lo que les decía yo. El gorjeo de los pájaros, el gimoteo de los animales, el borboteo de la fuente y todos los ruidos que produce la flora, enseguida los percibí, ¡pero menudo susto al quedarme claro que ya no comprendía nada de lo que ellos me decían!

[GD 1.14.13] Y éste es mi querido Abel al que el Señor tan sumamente justo también nos ha quitado, dado que ya no le veo por ninguna parte... y esto seguramente será para que todos nosotros nos volvamos conscientes de lo que significa el haber caído de la Gracia del eterno Amor a la Justicia severa del Señor –– por el pecado de la desobediencia despreocupada con sus Leyes del Amor tan sumamente suaves y los Mandamientos de la Gracia tan fáciles.

[GD 1.14.17] Aún podemos considerarnos afortunados por haber recibido tanta Gracia del Señor. ¿Qué sería de nosotros sin ella?

[GD 1.14.18] Por este motivo, conscientes de nuestra gran vileza, ¡echémonos en la tierra para llorar desconsolados hasta que ya no haya lágrimas en nuestros ojos... hasta que hayamos devuelto al Señor lo que es suyo y que no merecemos!... Y que luego proceda con nosotros conforme a su santa Justicia, según su Voluntad desde la eternidad».

[GD 1.15.4] En seguida Caín se recuperó de su arrebato de rabia, miró a Abel y le respondió: «Lo hice por vengarme de la serpiente, para la perdición de su género y de mí mismo, dado que nunca fui considerado digno de la Bendición del Señor... puesto que lo que soy, lo fui sin culpa mía sino únicamente por la culpa de mis padres que fueron culpables antes que yo... con lo que ante el semblante de Jehová surgí como consecuencia del pecado de ellos...

[GD 1.15.5] ¿Por qué, entonces, tengo yo que expiar una culpa a la cual nunca pude contribuir, dado que no soy la causa sino el fruto del pecado?... ¡Y por esto tuve que prescindir de la Bendición que os fue dispensada a vosotros en toda plenitud!... Con lo que yo tuve que arrastrarme con grandes dificultades, cargado con la maldición de Jehová inmerecida, mientras que vosotros podíais brincar como los ciervos.

[GD 1.15.8] En ese momento Abel sintió un impulso y, con su diestra, agitó la espada de la Justicia sobre la cabeza de Caín. Con este gesto a Caín se le abrió la vista y reconoció su gran injusticia al haber inculpado a sus padres... y vio que toda la culpa estaba en él mismo... Vio los caminos insondables del eterno Amor en su gran Sabiduría ilimitada... y vio que en realidad él mismo era la serpiente seductora que, por la Misericordia ilimitada del eterno Amor, se había vuelto hombre en Caín... para que como tal ––tras pruebas aún mayores–– se volviera consciente de su actual debilidad falta de Bendición... y para que consciente de toda la libertad de su ser, finalmente, pudiera dirigirse al Señor de todo el Poder y de toda la Fuerza, porque sólo de esta manera ––parecido a los benditos–– le tocaría la Bendición y con esta la readmisión por parte de la gran Gracia y del Amor misericordioso.

[GD 1.15.15] Como no encontró nada, se dirigió de nuevo a Abel: «Hermano, tengo mucha hambre de un alimento que da la vida y que no, como la carne y la sangre de la serpiente, acarrea la muerte. Hermano, como desde el fondo de mi ser me volví consciente de lo que fui entones y de lo que soy ahora, siento un gran arrepentimiento y junto con este una gran hambre y una sed ardiente del Amor divino y su gran Misericordia. Porque ve, cuando lloro no tengo voz y mi arrepentimiento no produce lágrimas... Por esto, ¡sáciame con la voz del Amor y calma mi gran sed con las lágrimas del arrepentimiento!

[GD 1.15.18] Oh Abel, ¡no tardes en darme un alimento vital para que recupere la voz para llorar y, dado que soy un desgraciado, dame una bebida para que no me consuma de arrepentimiento sin tener lágrimas!».

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