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[ABG 1.8] Mas respecto a lo que me dices, que vaya hacia ti, porque aquí en el país de Judea seré perseguido, te digo: Es necesario que todo aquello por lo cual he venido mundo se cumpla en Mí, en este lugar, y que Yo mismo al poco tiempo de que todo haya sido cumplido en Mí, ascienda hacia Aquél del cual he venido desde la Eternidad.

[ABG 1.9] Pero sé paciente en tu leve enfermedad. Tan pronto como Yo haya subido al Cielo te enviaré mi discípulo para que cure tu enfermedad y te de la verdadera salud, a ti y a todos los que estén junto a ti.«

[ABG 1.11] Poco tiempo después que Abgaro hubo recibido esta celestial respuesta, sucedió que el primogénito, príncipe heredero de este rey, cayó en una fiebre mortal que los médicos de Edessa dijeron que era incurable. Esto llevó al desdichado Abgaro casi a la desesperación. En su grandísima aflicción escribió nuevamente al buen Salvador.

[ABG 2.7] Mas no creas que tu hijo, cuando muera, morirá de verdad. ¡No, no! Cuando muera despertará del sueño mortal de este mundo a la Verdadera Vida Eterna en Mi Reino, la cual es espiritual y no corporal.

[ABG 2.8] Por eso no te aflijas en tu alma. Ve, oye y —cállalo: ¡Sólo Yo soy el Señor, y fuera de Mí no existe ningún otro! Por eso Yo hago libremente lo que hago. Nadie puede decirme: haz esto o no lo hagas.

[ABG 2.11] En días próximos llegará a tu ciudad un joven pobre. A éste acógelo y hazle bien y con eso alegrarás mi corazón — y hazle todo el bien a causa de la gracia tan grande que Yo he demostrado para con tu hijo, al enviarlo antes que Yo, debido a su gran amor, allí donde Yo mismo iré después de haber sido levantado en el madero— Amén.«

[ABG 3.3] El amor hacia Ti de mi hijo tan enfermo, ha suscitado en mí, desde hace unos días, un ansia de amor por Ti. Señor, perdóname que te lo participe en esta carta. — Bien sé, que Tú conoces nuestros pensamientos ya antes de que yo y mi hijo los hayamos pensado. Te escribo sin embargo, como se escribe aun hombre, y lo hago conforme al consejo de aquel joven pobre que me encomendaste y que ahora se encuentra bien atendido en mi casa. Él me dijo que quien quiera recibir algo de Ti, tiene que acercarse así a Ti.

[ABG 3.4] Este joven afirma haberte visto. Tiene un talento descriptivo muy sencillo y Te detalla, me parece, con suma exactitud y acierto. Este joven, que a causa de su talento me es muy querido, para nuestra gran alegría nos describió recientemente Tu figura de una forma tan clara, que yo y mi hijo, que aún vive, pero que por cierto ya está muy débil, creímos verdaderamente verte. En mi ciudad vive un gran artista en el arte de pintar. Siguiendo a descripciones del joven, hizo inmediatamente un retrato de Tú cabeza con el pecho. Esta imagen nos sorprendió tanto más, para mi mayor alegría y la de mi hijo, cuando el joven pobre aseveró que Tú, ¡oh Señor, justamente así parecías!

[ABG 3.5] Por lo que aprovecho también esta ocasión, para enviarte Tu propio retrato a través del fiel portador de ésta mi carta, con el correspondiente agradecimiento a Ti, para que lo examines y me digas si este cuadro se parece verdaderamente a Ti.

[ABG 3.6] ¡Oh Jesús, Tú, buen Salvador de todos los hombres, no te enojes con nosotros por eso!. Pues no una vana curiosidad, no, sino un puro y grandísimo amor hacia Ti nos impulsó a ello, haciéndonos pintar de este modo la más valiosa alhaja de nuestro corazón, para que pudiéramos hacernos alguna idea de Ti, que has llenado nuestro corazón con Tu Amor hasta la profundidad más honda, y has llegado a ser nuestra mayor riqueza, nuestro mayor consuelo y el más delicioso adorno nupcial de nuestro corazón, en la vida y en la muerte.

[ABG 3.15] En cuanto al parecido entre Mi aspecto físico y el retrato que me has enviado por tu mensajero, te lo dirá fielmente él, tu mensajero, quien ya me ha visto ahora tercera vez. Quien desea una imagen de Mí con esa intención tuya, no peca. Porque el Amor soporta todo. Pero desgraciado de aquél que quiera hacer de Mi imagen un ídolo — ¡Pero guarda igualmente este cuadro en secreto!

[ABG 4.2] ¡Oh, mi buen Salvador Jesús!, en verdad le ha sucedido a mi querido hijo lo que Tú, oh Señor, me habías predicho en la segunda carta. Murió hace unos días, y en su lecho de muerte me suplicó aún encarecidamente, con lágrimas en los ojos, que te expresara en este escrito su más profundo agradecimiento por el hecho de haberle dejado partir clementemente, sin dolor alguno y sin temer la muerte del cuerpo.

[ABG 4.3] Miles de veces apretó Tu imagen contra su corazón. Sus últimas palabras fueron: “¡Oh Tú, mi buen Padre Jesús!, ¡Oh Jesús, Amor eterno, solo Tú eres la verdadera Vida desde toda la eternidad! Tú, que ahora caminas como hijo del hombre en medio de aquellos que Tu Omnipotencia llamó a la existencia, dándoles forma y vida. — ¡Sí, solo Tú eres mi amor eterno! — ¡Yo vivo, vivo, vivo por Ti, — en Ti — eternamente!.”

[ABG 4.6] Finalmente tengo aún la osadía de adjuntar a esta carta el ruego de que no me prives de Tu consuelo. Pues después de la partida de mi hijo, una gran tristeza se ha apoderado de mí, la cual no puedo superar ni con la mejor y más firme voluntad. Por lo tanto te ruego, buen Salvador, Tú el mejor Padre desde la eternidad, que quieras librarme de este gran dolor. Pero que se haga, no mi voluntad, sino la Tuya santísima.

[ABG 4.8] Haces bien en llorar un poco por él. Porque buenos hay pocos en este mundo. Mas los que son como tu hijo bien merecen que se les llore.

[ABG 4.13] ¡Busca lo grande — es decir Mi Reino — así lo pequeño de este mundo te será igualmente concedido! Pero, si buscas lo pequeño, entonces no podrás ser tenido por digno de lo grande.

[ABG 5.6] ¿Qué sabia yo antes de una Vida después de la muerte? Ningún sabio de este mundo hubiera podido revelarme ese enigma. Existe en nuestro politeísmo una inmortalidad poética, pero se parece tan poco a la realidad como un sueño vano en el que tan pronto se va a pie, sobre el mar como por la tierra en barco.

[ABG 5.7] Mas Tú, oh Señor, me has mostrado con la palabra y en el hecho que después de la muerte de este nuestro cuerpo tan quebradizo, da comienzo una perfecta, verdadera y totalmente libre Vida del Espíritu, que nunca variará, por toda la eternidad.

[ABG 5.11] No solo he sacado de prisión al gran criminal de estado, sino que, acto seguido, he hecho que lo llevarán a mi escuela y a mi mesa. Si en caso actué demasiado bien, como suele decirse, mi humana razón no alcanza a juzgarlo. En este asunto también me dirijo a Ti, oh Señor, en este escrito, para que en tu misericordia me des instrucciones sabias y justas.

[ABG 6.6] Creo no haber cometido ninguna mala obra, pues me impulsó sólo el puro amor y la verdadera piedad por mi pueblo. Por esto te pido a Ti, oh Señor, con toda humildad y contrición de mi corazón, que accedas a ayudarme a mí y a mi pueblo en este apuro.

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